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15 abr. 2017

Sábado 22/04 - Casa de las Culturas - TIGRE


Aquiles


Deng Chengwen



Traté de pensar
en la enfermedad
de los tendones
            esos dioses pequeños
que endurecieron
el corazón de mi padre
y del padre de mi padre


(aún cuando
sus sueños se hubiesen
habitado de lanzas
de torres de cráneos)


todo el pasado
resistente
a cualquier tracción
            dispuesto
            paralelo


a la debilidad de las ruinas
familiares.




PESCADOR (fragmento)

Tiende la red
hacia el limo húmedo y sin forma
vislumbra
los signos
                   de su presa
que es una
                   y es innumerable


asume
las velocidades del espacio


                                            Desde la más remota inminencia
                                            sentado en su bote
                                            espera
                                            y el Paraná
                                                                  ola sobre ola
                                            de viento frío
                                            salpica a lo largo y a lo ancho
                                                                 levanta el horizonte
                                                                  curva
                                                                  otra forma del mundo


                                            el río es el mismo 



Alex Alemany

La prueba

Cándido Portinari


    Hoy me saqué un moco. No sabía que se podían hacer tantas cosas con eso. Me lo arranqué de la nariz metí el dedo bien adentro, ustedes sabrán más que yo y fui amasando con mis dos dedos una pequeña bola que al principio era pegajosa, y luego adquirió elasticidad y se desprendía fácilmente de la piel. Con esto quiero decir que no se me pegoteaba en los dedos como los dos anteriores que me saqué en la hora de lengua. El moco es bastante verde y tiene algunas arterias, por así decirlo, que lo atraviesan como a un corazón. Es como si te hubieras sacado el corazón, me dijo Paula, mientras espío por arriba de sus hombros que la señorita no me rete por no prestar atención. Está explicando todas las precauciones que debemos tener en cuenta a la hora de hacer la prueba. Lo ideal sería pegarlo debajo del banco, pero ¿y si se dan cuenta? Todo el esfuerzo que hice para mantener mis notas y para ser la abanderada del curso, además de la mejor compañera (tengo dos diplomas que mamá hizo encuadrar y les cuenta a todas las personas que visitan la casa no son muchas— que su hija es esto, que su hija es lo otro), va a ser en vano si la señorita me ve con el moco en las manos. Bueno, podría pegárselo a Esteban en su guardapolvo, total él casi nunca presta atención y me importa poco lo que pueda decirme, si se da cuenta. Paula, no te voy a mostrar el moco, ahora no puedo, date vuelta que la señorita nos está mirando. Bajo el brazo izquierdo por debajo de mis piernas y sigo amasando, en silencio, esa masa ahora grisácea que ahora es el moco. Cada tanto lo miro de reojo, como si fuera mi bebé. Es mi primer moco en toda la escuela, en toda mi vida, por eso lo estoy escribiendo, si no, les hablaría de otra cosa. La primera vez que vi a alguien no sólo sacarse un moco sino también llevárselo a la boca como si fuera un caramelo fue a Alicia. Durante el acto por el día de la bandera. Ella sí que sabe cómo actuar en estas situaciones. Alicia iba a sexto y yo a cuarto. Durante los recreos nos juntábamos a hablar mal de las otras chicas. De los chicos no hacía falta porque ellos mismos eran unos idiotas, pero nuestras compañeras siempre competían con nosotros. Alicia me contó en un recreo que vivía con su mamá, sus hermanos y el novio de su mamá, un señor “fracasado” que tiene once hijos, y esto lo dijo ella, yo no hablo mal de los padres porque el mío murió el mes pasado, de cáncer de pulmón. Y eso que no fumaba. Alicia siempre me escuchó en los recreos pero no pude contarle lo de papá, sólo hablábamos de su padre. Yo a mi papá lo extraño mucho, por eso ahora quiero tomarme revancha contra todos y pegar este moco en el banco. Si me mandan a la dirección a firmar el libro de disciplina, qué me importa, total Facundo ya fue. Él es tan lindo. Y casi nunca tiene que estudiar para sacarse buenas notas; no sé cómo no me gana la bandera. Es el único que se parece a una chica. Esteban me dijo que los chicos del grupo piensan que es marica, pero yo creo que solamente le gustan cosas diferentes a ellos. Es tímido y dulce. Vino a casa con su mamá cuando mi papá murió y hablamos bastante. Me trajo flores rosas y azules de plástico. Después jugamos un rato al Life y me contó que quería construir puentes cuando fuera grande. Y manejar aviones. Le dije que primero tenía que aprender qué era un modificador directo, y los dos comenzamos a reírnos. Ay, es tan lindo. Pero no se anima a decirme nada. Ese día, su mamá lo llevó del brazo y le dio un par de órdenes. Creo que es ella la que lo tiene así. Si tuviera un padre, capaz se comportaría de otra forma. Me sentiría mejor si Facundo fuera mi cómplice en este momento en que pego el moco debajo de mi banco, pero no puedo, no sin alguien que sea cómplice. Paula me aburre, siempre se cuelga de mí, no hace nada original, siempre soy yo la que hace los chistes o las bromas. Pero eso sí, como me dijo papá, tengo que estudiar y tener buenas notas para ser una buena persona. Cuando la señorita me entregue la prueba, le voy a pasar el moco por su guardapolvo. Si total, ella siempre viene de buen humor y no va a creer que fui yo. Seguro piensa que fue Esteban o Claudio, que no vienen más que a calentar el banco, como les dijo la señorita de plástica el otro día.

    Hoy tenemos prueba de matemática y estuve una semana estudiando. Cómo despejar la x y ecuaciones de segundo grado. No es tan difícil; lo difícil va a ser pegar el moco en el guardapolvo de la señorita sin que nadie se dé cuenta. Miro por la ventana y veo cómo el sol entra hasta el escritorio de la señorita. Ahora se acerca, pasa banco por banco. Grupo A, grupo B, grupo C. Tres evaluaciones distintas. Igual puedo hacer las tres, si quiero. Ya sé, si se da cuenta de lo del moco, le digo que le hago las tres evaluaciones, ya está, viste que para algo sirve la matemática. Romero, guarde su carpeta debajo del banco; Villorio, Villa, ¿quieren que les ponga un 1 y llame a sus padres? Pobrecitos, ojalá me dijera así a mí. Le diría: “Sí, señorita, llame a mi padre y dígale que yo también quiero hablar con él, dígale que lo extraño y que me dé un abrazo antes de irse de nuevo”, porque me dijeron que nadie puede volver de la muerte, pero a veces pienso que papá sí podría, él podría hacer cualquier cosa. ¡Pereyra, siéntese bien, por favor! Pereyra es lo peor del curso. Me corre una sensación de alegría cada vez que lo retan. En el recreo le dicen “el mondongo”. Durante la hora de geometría se dedica a clavarles el compás a sus compañeros. Amaso el moco. La señorita se acerca. Su sonrisa apuntándome como una pistola en la cara me asusta. Disimulo. Su evaluación, Cavalcante. Cuando da la media vuelta, estiro suavemente la mano y le pego la masa gris y gomosa que ahora es mi moco, el primero que me saqué en mi vida. Se da vuelta, la señorita. Mira con los ojos exaltados para todos lados. Seguro piensa que alguien quiso o que alguien efectivamente le tocó la cola. Parece aterrorizada. El moco, de hecho, está en su muslo izquierdo. Va hasta el escritorio y antes de sentarse pasa su mano derecha por los pliegues del guardapolvo y el encuentro entre el moco y su mano ya es inevitable. Las ecuaciones no son difíciles, puedo hacerlas en media hora.  



EL COMEDOR


Estábamos llenos de cansancios. Sin embargo pusiste el mantel. Puse las servilletas.

X:           Las espinacas.
Y:           Sí.
X:           Hay que colgar las máscaras.
Y:           Si estuviese seguro que no te enojaría, me acostaría sobre la mesa, me tiraría sal en un ojo y    me pondría rabanitos en el ombligo.
X:           Sí.
Y:           Si qué.
X            Me enojaría.
Y:           Por eso.
X:           Por eso qué.
Y:           Por eso no lo hago.

Algo de frío entraba por el extractor de la cocina. Veníamos de meses de estar yéndonos. Desmantelar las cosas, esparcirlas, aún antes de descolgar, empaquetar, desechar. Pero eso ya había pasado. Era tiempo del trabajo inverso.

X:           Hay que embadurnar los salientes y poner los tarugos.
Y:           Sí. Mejor mañana.
X:           Todo mañana.
Y:           No. Mañana nada.
X:           Cómo “nada”.
Y:           Mañana nada Edgardo en La Plata.
X:           Siempre él nadó en la plata.
Y:           Me refiero a una competencia. Carrera de natación.
               Cien metros libres.
X:           Y tenemos que ir.
Y:           No. Mañana hay que esparcir la tierra que quedó en
               las raíces. Es una buena excusa.
X:           Claro. Después la que limpia soy yo.
Y            Vos.
X:           Sí. Yo.
Y:           Bueno.

Dar un sitio a lo disperso. Copa a copa, clavito a clavito. La primera cena. Nuevos rincones donde acumular tierra.

X:           Podés cerrar la ventana.
Y:           Está cerrada.
X:           Abrila un poco entonces. Hay olor a repollitos.
Y:           Tenés frío.
X:           Sí. De Bruselas. Ciudad fría. Congelada. Nadie se junta en las
               casas. Nadie invita a nadie. Cada uno en su casa. Con su
               mujer o su marido. 
               A lo sumo con sus hijos que miran fijamente la pantalla.
X:           Igual que nosotros.
Y:           Nosotros no tenemos hijos.
X:           No.
Y:           Salud.
X:           Eso tampoco.
Y:           Digo… brindemos.
X:           Hay una sola copa.
Y:           Bueno primero brindo yo y después vos.
X:           Bueno.

Entonces no pero después sería necesario gritar.

X:           Y.
Y:           X.
X:           No hablaba de los personajes.
Y:           De qué hablabas.
X:           Te preguntaba “y”.
Y:           Y qué.
X:           No brindás.
Y:           Es que… hay tanto que hacer, que deshacer. Me cansa
               solamente pensar en la cortina de baño.
X:           Qué tiene.
Y:           Nada tiene.
X:           Entonces.
Y:           Justamente. Nada tiene. Tal vez polvo. Está guardada
               en una caja.
X:           En cuál. Supongo que la habrás rotulado, ¿no?
Y:           Seguramente. Lo que no es seguro…
X:           Qué cosa.
Y:           Que no es seguro que haya escrito “cortina de baño”
X:           Y qué pusiste.
Y:           No sé. Tal vez el nombre de algo que hayamos guardado
               con la cortina de baño.
X:           Y qué podríamos haber guardado con la cortina de baño.
Y:           Jabones. Espejos. Botiquines. Duchas.
X:           Sí.
Y:           …
X:           …
Y:           Una ducha.
X:           Una caja que diga “ducha”.
Y:           Ducha tibia, espesa. Que el agua se vaya calentando
               muy de a poco.
X:           No darnos cuenta que nos vamos quemando.
Y:           No. No darnos cuenta.
X:           Hasta que sea necesario.
Y:           Qué.
X:           Gritar.






John French




Dónde quedó el entrevero de mi locura después del vendaval

Qué extraño país hospeda este andar por el peligro
que viste mentira y encanta sueño.

No admito los sucesos del silencio, la rabia y el miedo.

Imparto Justicia a mis actos, porque sí.
Elijo siempre el camino difícil.

Y llámese como se llame el verdugo
cerceno siempre los cuerpos de mi pena
antes de que él los alcance.


Amén por los prófugos.

MISIÓN

yo no hablo
es mejor que no hable
yo no canto
mejor así mejor
soy muda
la boca llena de tierra

si hablara ¿qué diría?
una palabra que se clavase como un codo
un golpe seco en el cuello
una palabra que cortase la respiración
que helara la sangre

no era mala
pero mi animal me dejó sola
pero la asesina tomó la delantera
sin mi animal estoy perdida
estoy loca
y un espectro me reclama desde su tumba
quiere sangre

nunca tuve muchas palabras
ahora no ha quedado ni una

cómo decir lo dejé en esa cárcel
cómo decir no sé si vive
pero su espectro me reclama
sangre

la boca llena de tierra
perdido su animal ya no tiene cordura
no le pidan piedad
que sea un hombre en el combate
no le pidan la gracia
con que giraba sobre su caballo
ya no puede bailar ni dar risa

se ha vuelto trágica y sublime
como una garganta cortada



Pancho Panoptes