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23 mar. 2013

I SEE CRAZY PEOPLE


"...esos hombres sobre los cuales, reconózcanlo,
solo tienen la superioridad que da la fuerza."
Antonin Artaud.



Así es.
Y Ellos lo saben.
Saben que nos pertenecemos de alguna extraña forma.
Saben que los veo con claridad. Sus pupilas los delatan.
Un aura colorida y somnolienta los deja al descubierto ante mis ojos.Ellos, también me ven.
Me buscan en la calle. En las paradas de colectivos. En las guardias de los hospitales. En una multitud de extraños, Ellos, los locos, saben encontrarme. Se sientan a mi lado con cajas de bombones a contarme ese extraño ruido que hace el motor de sus cabezas que, sin embargo, nadie, excepto Ellos, escucha. Me invitan a saltar la soga en plena Avenida. Provocan tempestades de cariño, inexplicables. Inconsolables.
Saben que los protejo, que soy su ángel guardián. Me reclaman y ya no les huyo.
Acaricio sus cabezas repletas de ternura. Les gruño jeroglíficos para que respeten mis horas de no-ángel. De pueril obrera. Los oigo caminar hacia mis espacios, avanzando en hordas tristísimas. Sojuzgados por una realidad incomprensiva que los expulsa, los encierra, los medica. Aunque estas dos últimas afirmaciones sean una sola, tal vez. Y queden para siempre encerrados en la medicina. Buscando pájaros entre los barrotes de una ventana. O un árbol.
Ellos siempre supieron de mí, en cambio yo tardé en reconocerme. Para mí era natural abrazar a un extraño para calmar su llanto, acariciar sus caras y discutir con las autoridades presentes el derecho pleno de llorar en la calle. De mostrar las entrañas al universo cuando no se pueden esconder más. ¿Por qué habría de ser de otra forma? ¿Qué les pasa a los adultos serios y responsables cuando eligen espetar un dedo índice inquisidor sobre un chiquito perdido en el cuerpo de un señor grande?
Porque Ellos son chiquitos, perdidos, maltratados, dentro de un cuerpo enorme. En una realidad más grande aún. Que los engulle. Que los asusta.

Imagen: Laurent Debraux.


Ellos
Los que se pierden en los bosques encantados del Montes de Oca. Los desalojados del Borda. Los amigos del Alvear.
Ahí donde un muchachito escuchaba música y se acercó a pedirme un cigarrillo como excusa para susurrarme al oído "No te olvides que este es el único lugar donde el cliente nunca tiene la razón".
Y sonrió.
Una sonrisa de arco iris. Cerrando sus ojos para imaginar otro día de sol. Lejos de tantas rejas. En una calle ancha avanzando las hordas de locos. Pintando a chorros de colores todo lo que se interponga a su paso. Levantando a carcajadas los peones caídos de este ajedrez patético. Empujando los límites de la belleza.
Desafinando roncos "I Will Survive"
Oh, yeah, my darling.
I Know...
I Will Survive.

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