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10 dic. 2013

así fue

así fue que entregó su pulso al tuyo, que dejó que la corriente de su sangre se cruzara a tu sangre. Latía. Sí. Latía en las muñecas unidas por sus venas. Latía en el corazón que no dejaba oír. No había palabras pero estaban tus ojos en sus ojos. Un segundo. Ni siquiera los dedos se tocaron.

como si fuesen hacia atrás los milenios, y calzara sandalias sobre la piedra nueva del templo de Afrodita, como si fuera antes, inclinada a la diosa, sombra bajo la incandescente luz de su cabello rojo, suplicaría que multiplique por diez las ganas que te tiene, que te ponga en sus manos, le dé tu corazón

abre la mano y es puerta hacia la calle roja. Así él se va en ese río de gente que lo abraza como a una estrella. Cierra la mano y es puerta a lo que fue: los dientes clavados en el talón de Aquiles, el gusto de su sangre en la lengua, doblegarlo al amor, arrasarlo. Así de caliente era ese nido, así de feroz, así de hermoso. Abre la mano y se ha volado. La línea de la vida se curva, la del corazón hace una trenza más sobre la palma.  Tu aliento detenido en la madera. Y no lloraste

ahora, ¿quién lo abraza? ¿a quién deja pasar? ¿a quién despide? ¿Quién le hablará sucio al oído mientras se entrega como a la muerte misma? Así fueron los dedos tirando de los tuyos, así fue la mordida, el asalto. Te dejaba sin aire, inmóvil como flecha que reposa en el vuelo. Otros labios ahora que lo besen

Annie Kurkdjian

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