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8 ene. 2014

SOBRE CÓMO JUGAR A LA ESCONDIDA

cayó tu mano
giró el torso

el colchón sobre el que esperabas arrojarte
era simplemente la espalda de un coleóptero desnudo;
y aunque la pared intentara despegarse de tu brazo
la sal ensangrentada de tu frente se perdía entre las medias
junto al sudor de la pólvora callada

¿y las gotas de papiro,
y las sombras mal celadas

los chicos corriendo en el recreo como espías
la cuenta regresiva de un tahúr
con su baraja en el bolsillo
el resto de los dedos sosteniendo las hornallas
todo
todo antes del último diálogo rozando la pared

qué otra mano podría salvar
a los subsuelos de un panteísmo de terrazas

es que en la polifonía del grito era imposible no matar a un niño
era inevitable encontrar el pulóver de alambres sobre la almáciga
de tu próximo cadáver cosechado

entonces era cierto aquello:
el fin del mundo es el beso y no la boca

sin embargo me hubiera gustado hallarte
en la espalda de otro precipicio, no entre las tortugas
siempre tan lento como para lanzarte al albedrío
y eso que ya sabías que la piedra es libre
hasta donde se olvide el contacto de la palma
o el velo descubierto de Magdalena

lamento que en el día de tu escondida
deban encontrarte con los ojos vendados por el antebrazo

y las gotas de tinta plomiza
a un lado, las sombras del recreo
y el sol brillando hasta los bordes
el sol
que hay debajo de tu mesa


Chungli Huang

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