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28 ago. 2016

DEMOLICIÓN




Hoy demolieron la casa de Quilmes.
Cuando pasé por allí el humo todavía salía de su vientre
y los bisnietos de aquellos pájaros miraban el vacío, desde las mismas ramas, aturdidos.
Ellos, que cantaron sobre mis ladrillos, mi marte ataca, mi siesta con gatos, mi pileta de lona.

No hubo nada que hacer.
Los escombros de mamá aplastaron otra vez a mi hermanita.

En los ojos de los pájaros quedaron impresas las secuencias:
la fractura en la cabeza de la casa
la fractura en las manos de la casa
la fractura en las ancas de la casa

Y mi hermanita siempre tan seria, abajo,
queriendo sostener todas las casas del mundo.

Y luego:
la incomodidad en la columna vertebral
la incomodidad en los pañales de adulto
la incomodidad por la caída del Jockey

Y mi hermanita siempre tan seria, abajo,
queriendo sostener todas las madres del mundo.

Hoy demolieron la casa de Mitre y Dorrego para construir fortalezas más modernas.
Sobre los huesos de mi viejo instalarán otra ingeniería.
Con las cenizas de mi vieja fabricarán otro barro.
Con mis gatos harán otro paté.
Yo con mis duelos, haciendo lo posible,
seguiré aprovechando el permanente derrumbe de la estatua ecuestre
sobre aquella hermanita que quedó
bajo los escombros de todas las familias.
Seguiré llorando casas inquebrantables y hermandades
(con el Martín Fierro bajo el brazo).
Seguiré enterrando fotos enmohecidas
de cuando nadie más que yo gritaba los goles de Racing
de cuando el Jockey Club
de cuando la familia se erectaba gloriosa.
Como la enhiesta columna vertebral de la casa enorme
que hoy demolieron.

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