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19 jun. 2012

BIENES





Algunas veces una lengua de ceniza
traza otras distancias de meridianos y mapeos,
conjuga alternadas ficciones y coloniza la noche de quemaduras ácidas.
Como recuerdos que preceden a la estirpe,
me reventó el corazón en mínimos murciélagos.
En la placenta el grito agónico y el aleteo
de los murciélagos mirando la vida que espera
ahí, como una metáfora rota.
Por si el pensado retorno quédase
atrapado frente al palomar de los que no son,
sin angustias dejemos la madrugada.
Por si la extensión magna del cuerpo
dinamitara diamantina presencia,
cardos triturantes,
habremos de vernos a los ojos sin sábanas.
Ojos que son ojos,
tratando de domesticar al pequeño leopardo de plata.

Asistimos a la textura de la mandrágora
cuando hacemos testamento de bienes no materiales.
Tu olor bajo las sábanas como insecto
entre las hojas de un libro.
Y me sugiero a la par del eco el tuétano falso de una alondra,
en un andamio araña,
expiar las culpas.

Las formas en que usas tu disfraz en la escalada colorida del poniente,
es un ágape en Delfos.

Tu música me pide trinos.
Líquida, la noche me vulnera adentro.

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