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11 ene. 2012

LA TRISTE EXPLICACIÓN DE MI AMOR I

Ayer te amé tanto, tanto, tanto. Hoy ya no. Ayer eras día y noche, eras música y silencio, eras mar entre mis dedos. Y entre lo sublime de tus movimientos y lo frágil de tu andar, estuve perdida entre tus ancadas, así versátiles e inconfundibles, como las de una mañana aún joven, y con ganas de vivir. Pero eso fue ayer, cuando latía el misterio de tus zapatillas; hoy ya no.
Hoy perdiste brillo, hoy te fuiste rápido, hoy no llegaste ni a un octavo, y marchaste directo al cementerio de romeros. Porque vives a cuenta gota, alguna vez viviste mares. La rauda imaginación de tus cabellos se ha corrompido por lo dorado, y ya no sientes, ya no. Por eso yo, ya no te siento. Mataste el rosal que pudo ser, que estaba floreciendo en tus pies, y te fuiste por la tangente, un camino al que recurres, cada vez que la naturaleza te enfrenta. Y alegas tus razones, impropias como tu enérgico nombre, y de ahí no hay nada, lo sé porque te leo desde las entrañas
Será que tu nariz burguesa no te dejó ver, lo que en claro de luna fue transparente. Pero mira como tiembla la noche y sus estrellas, yo creo que saben algo más, no te fíes de su irónica sonrisa, ellas saben que la noche en día ha de terminar. Y saben que ayer te amé, que hoy no te amo, pero mañana, de eso ellas saben bien.
Calma ya los indicios de perdón, y llévate tus alados, que ayer te amé tanto, tanto que no recuerdo que día es hoy. Tanto que el mañana puede ser hoy, y hoy bien pudo ser ayer. Y por eso te amaré siempre y nunca, cada vez que piense que es ayer, cada vez que mi corazón embriagado pierda la noción de su triste noche y despierte nublado por el vértigo de tu amor.

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