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15 abr 2017

MISIÓN

yo no hablo
es mejor que no hable
yo no canto
mejor así mejor
soy muda
la boca llena de tierra

si hablara ¿qué diría?
una palabra que se clavase como un codo
un golpe seco en el cuello
una palabra que cortase la respiración
que helara la sangre

no era mala
pero mi animal me dejó sola
pero la asesina tomó la delantera
sin mi animal estoy perdida
estoy loca
y un espectro me reclama desde su tumba
quiere sangre

nunca tuve muchas palabras
ahora no ha quedado ni una

cómo decir lo dejé en esa cárcel
cómo decir no sé si vive
pero su espectro me reclama
sangre

la boca llena de tierra
perdido su animal ya no tiene cordura
no le pidan piedad
que sea un hombre en el combate
no le pidan la gracia
con que giraba sobre su caballo
ya no puede bailar ni dar risa

se ha vuelto trágica y sublime
como una garganta cortada



Pancho Panoptes

10 dic 2013

a ella (antes)

a ella (antes) le gustaba el peligro, o eso dicen. Estrellaba los viernes contra las ventanas. Y se comía la mañana del sábado. Ella (antes) era arriesgada, te hubiese hundido su taco en la garganta. Cortado tu aliento en julianas finitas. Desbocada, dominante. Y vos ahora, de esa miel un recuerdo. Las muñecas tajeadas por no oírla

ella canta sobre la parte alta. La pajarera abierta por lo bajo. Así capturan a los jilgueros sobre los alambrados. Ella se vuela. Te mira desde el trapecio de las hojas, se balancea sobre el mar de pampas. Rebelde contra la tarde que no hinca el pico. No te suelta. Tu corazón en la mira queda seco

hubieses querido ser el blanco, arrodillarte bajo un tendal de estrellas, pedirle que dispare. Que te toque la sangre con la punta del dedo, que la pruebe. Rojo el labio. Morderla. Hacer que grite, que te diga por qué, de qué otro modo, que justifique la mirada ausente, el desenfoque de sus ojos, que te mienta. Abrazarla como a una niña loca, tocarle los días que le faltan. Y que gatille

Vestida de primera comunión, flaca como una línea, riéndose como si lo creyera. Cubrirle el vestido crespo y blanco. Decirle otra vez que es hermosa. Dejar que se haga flor y que destile. Que enrojezca de amor y que las piernas. Y se abra al milagro de templar. Nupcial, lujosa, hecha de lluvia eléctrica. Tremenda

Ralph Brown

así fue

así fue que entregó su pulso al tuyo, que dejó que la corriente de su sangre se cruzara a tu sangre. Latía. Sí. Latía en las muñecas unidas por sus venas. Latía en el corazón que no dejaba oír. No había palabras pero estaban tus ojos en sus ojos. Un segundo. Ni siquiera los dedos se tocaron.

como si fuesen hacia atrás los milenios, y calzara sandalias sobre la piedra nueva del templo de Afrodita, como si fuera antes, inclinada a la diosa, sombra bajo la incandescente luz de su cabello rojo, suplicaría que multiplique por diez las ganas que te tiene, que te ponga en sus manos, le dé tu corazón

abre la mano y es puerta hacia la calle roja. Así él se va en ese río de gente que lo abraza como a una estrella. Cierra la mano y es puerta a lo que fue: los dientes clavados en el talón de Aquiles, el gusto de su sangre en la lengua, doblegarlo al amor, arrasarlo. Así de caliente era ese nido, así de feroz, así de hermoso. Abre la mano y se ha volado. La línea de la vida se curva, la del corazón hace una trenza más sobre la palma.  Tu aliento detenido en la madera. Y no lloraste

ahora, ¿quién lo abraza? ¿a quién deja pasar? ¿a quién despide? ¿Quién le hablará sucio al oído mientras se entrega como a la muerte misma? Así fueron los dedos tirando de los tuyos, así fue la mordida, el asalto. Te dejaba sin aire, inmóvil como flecha que reposa en el vuelo. Otros labios ahora que lo besen

Annie Kurkdjian