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8 sept 2017

Herbert List



Llueve, es de tarde y oscurece.
La luz del astro se ha cubierto con una mortaja gris.
La noche se asoma entre penumbras, y el viento sacude 
con violencia el sauzal adormecido.
Un trueno anuncia la llegada del aguacero
que en pocos minutos lo inundará todo.
Muchos correrán, otros se verán empobrecidos
pero mi barca serena sobre tu agua quieta...

Llueve y el agua cae sin relieve contras las piedras secas.
Esa lluvia que se desploma sobre la tierra como un mundo
distinto que se ignora.
Líquido que estuvo siempre, en toda forma,
oculto bajo al sol y el mediodía,
y es solo una presencia silenciosa
apenas gris, apenas triste, apenas...

Y mi corazón bajo tu lluvia
y debemos nombrar de nuevo cada cosa
todos los seres tienen otro nombre
bajo esta niebla que los aprisiona...

Y sobre esta ciudad desconocida
no sé 
si me llovés en el corazón o 
son todas las cosas que lloran...

16 jun 2013



Los fantasmas retomarán
quiméricas formas
y el cielo brotará oscuro
pretendiendo
que reviva aquel cuervo
que te devoró en mis ojos.

Obra: Joao Ruas

24 abr 2013


Cerrar los ojos.
Abrir un libro al azar.
Teñir de anilina invisible.
Untar un banco.
Deslizar la yema por la página y detenerlo donde la intuición indique,
donde estallen
los dedos
en palabras que sonrojen
que rían,
que digan por ejemplo: " se puede, en el recuerdo de una parra, guardar toda la infancia. Con ojos de uva"
Así.
O
"soy lluvia y me escribo en las palmas de las manos de este papel"
o nada.
Claro, así.
Nada.
Total sigue garuando.


Foto: Anke Merzbach.

1 abr 2013

LLAMABA



Había escrito en su agenda aquella frase de Jim Morrison "A veces basta un instante para olvidar una vida, pero a veces no basta una vida para olvidar un instante".
Quería mostrársela a todos, pegarla en algún lugar de la casa.

Pero se olvidó donde vivía.

Lo encontraron atándose los codos y lamiéndose la punta de los pies en el lugar opaco y sucio que él llamaba inocencia.

Foto: Robert Burton.

10 mar 2013


Nos dejaron a medio hacer, los dioses,
inconclusos.
Igual que hacen los niños crueles y caprichosos.
(los dioses no han crecido
y se han quedado niños para siempre).
Se cansaron muy pronto de nosotros
y nos abandonaron en el mundo.
No nos aguarda nadie en ningún sitio
y envejecemos para nadie.
(nada envejece peor que los juguetes huérfanos).
-Pensá en el muñeco de trapo, ajado y sucio,
enfermo de tristeza,
olvidado por todos en el desván del tiempo-.

Un vértigo de espanto en su mirada
sucia y opaca.
y una soledad deforme y monstruosa
asomándose
a los espejos cóncavos de la locura.

Lo comprendemos tarde;
desechos de una infancia que nos besó en los labios
y huyó de nuestro lado.
Esperanza sin fruto ciegamente esperando.

Los dioses están lejos y nosotros
tan solo le importamos a la muerte.

Imagen: Iskren Semkov.

9 feb 2013


No hay paraísos que develar en la palabra
ni soledad que resolver en sus adverbios
insistir en el símbolo no sirve
pero la manía de sucumbir en la idiotez
- como si fuera bello su vómito gris,
sus piezas desarticuladas en un puzzle vertiginoso -
es tan poderosa.

Obra: Lisa Hueil Connor.

16 ene 2013

SE OSCURECEN...


Se oscurecen los muros que custodian palabras.
Anochece y el mundo cobija zombies.

Se llevaron a las musas, secuestraron
sueños, silenciaron risas.
...

Pintaron de negro a las mujeres.
Colocaron velas sobre nuestras
espaldas.

Somos maniquíes de un país a oscuras.
Por eso el silencio,
por eso las velas,
por eso 
el cansancio.



2 ene 2013


Si no va atado a la mano de un niño el globo sólo quiere que se lo trague la altura para desaparecer con dignidad. Así yo con vos, cielo.


Ilustración: Marcin Karolewski.

5 oct 2012

POR LAS DUDAS



Siempre vas con un adiós por delante, me dijo, mientras yo le estaba entregando mi alma en bandeja. Dame un solo día y te prometo ahorrarnos todas las despedidas, le contesté.
Uno de los dos morirá antes, le dije. No fueron las palabras más adecuadas, pero sólo quería decirle que el tiempo no iba a esperarnos.

Lloré en tus premociones. Te dije que no mates el futuro por las dudas. Sé que hay agujas que se encargarán de matarnos antes. Aunque me cuesta creer en el tiempo, me gusta llevar la esperanza como última pérdida.

Dame lo cierto, me insististe. Y yo no hice más que dar un portazo, por el afán ridículo de que salieras a buscarme.

Yo sé que un día vamos a extrañar las alegrías que no pudimos darnos. En definitiva, quemar las naves implicaba atizar la llama de los sueños que no pudimos sostener a la deriva del incendio.
Para encontrarte en mis sueños tuve que abrir los ojos, y para soñarte y que lo sientas, cerrarlos. Se me enferma algo muy similar a la voluntad cuando te siento lejos. Y aunque mi alma aprendió el hiperrealista arte de esperarte, mi cuerpo es trivial.

Me leíste tu legado como explicando un cáncer. Algo que no se explica, como no se explica la noche en la ceguera. Yo te leí mis voces, tal cual letras de canciones y las canté a los gritos recordando que la muerte puede tener variaciones. Te espero en el infierno, dije. Si igual acá, ya nos estamos quemando.

Me hizo cosquillas. Me rascaste y tranquilizaste con la contestación. Me desperté de una siesta dudosa, pudiendo entender que todo siempre puede ser la jugada de una pesadilla o del insomnio.
Y ya pude volver a morir en paz.



8 sept 2012

ASEDIO


La soledad es una vasta región donde dormimos y soñamos. La soledad es un mar sin oleaje, un lago en mitad del desierto, un ninguna parte en cualquier parte.
Ayer anduve por la laguna a solas -si es que alguna vez lo estamos verdaderamente-. Atardecer hermoso. Distancias que se pierden en la retina. Sol roto, débil. Sol al que sostener altivo la mirada y comprender que los dioses son dioses no por su inmortalidad sino por todo lo contrario, porque mueren cada día a mortaja puesta, porque cada día, también, son bebés recién nacidos, inocentes e infantiles; soberanos de un mundo que precisa dioses adultos y hace parir constantemente niños mimados.
Soy un pagano con alma de místico, un anticlerical deseando la tortura, un tentador de sentidos que necesita un altar por las mañanas, un satanás con aspiraciones de arcángel. Por eso me gusta construir catedrales de palabras, lugares de peregrinación, templos donde estacionar los dolores del mundo. Por eso la literatura me puede en su vertiente barroca, en todo lo que tiene de mito y de leyenda. Literatura donde el nosotros es la única persona verbal que me interesa. El yo lo dejo para los que escriben sentados sobre el idioma, que es la forma de escribir que menos me tira.
El paisaje es la forma en que la naturaleza nos compensa sus excesos. La palabra que utiliza para llenar de grafitis el planeta. Y el de ayer era paisaje burgués, domesticado. Esos paisajes que quedan tan bien en las postales, pero que llenan el alma de melancolía, que es la única cosa de la que siempre huye la naturaleza, que no quiere perder el tiempo en tonterías.



La soledad me visita por las tardes. Tiene ojos gitanos y un cuerpo aceptable. Pero no llegamos a más porque a mí no me gusta leerla, sino gozarla. A los santos hay que ofrendarlos de algún modo, aunque sea imitándoles. ¿Quién no quiere ser como su padre alguna vez? La soledad juega al ratón y al gato. El escritor necesita la soledad, pero la soledad no necesita al escritor. Así que el juego se termina rápido. Cuando se cansa de jugar y quiere lágrimas. Y el escritor, cuando lo es y punto, llora siempre mejor en sus textos que en la vida real. Y, claro, la gente se lo toma mal y sufre y se marcha. Queda entonces el escritor solo, como el café, sin poder escribir una línea.
 Hasta su regreso el escritor se dedica a sus cosas materiales y se critica. Los frutos de esa dedicación son siempre estúpidos, de efímera vida y dan rienda suelta a inmortales enemistades -que suelen quedar muy bien en las antologías-. La prosa sin poesía es un texto farmacéutico y si no lleva metáfora, una receta de veterinario rural, una banda municipal. La prosa sin poesía es una cosa que se inventaron los periódicos para contar como verdades las mentiras, que, por otra parte, es algo que siempre han hecho los poetas. Pero una cosa es retratar mentiras de medias verdades y otra muy distinta hacer bellas las mentiras y sacramentar las verdades materiales.
Contemplando aquel paisaje tan de ayer, tan abierto, ajeno, todavía, pienso en un millón de poemas que jamás escribiré, en versos hermosos que nacen moribundos y en esta vida persiguiendo un sueño. Pienso en escribir. Se me clavan las esquirlas de este viento. Enrojece las mejillas como el vino. En mis lugares apartados siempre sopla y golpea descarnado y doliente. El poniente se ríe y a mi se me están poniendo las orejas duras con el frío. 
La soledad escucha jazz porque le encanta creerse melodía, le apetece aparecer aquí y allá de forma imprevista, sin cita previa. La soledad acaba por perder la compostura los domingos en que disfraza su deseo con corridas imponentes. La soledad asedia al escritor, pero no puede con él. El escritor se acompaña con cada manuscrito, amplia sus terrenos con cada palabra escrita. Se cree a salvo de ella. Sin embargo, el peligro acecha ahí fuera como la canción triste de un tango. El escritor se queda solo, terriblemente solo. La soledad se cierne sobre él toda vez que algún lector cierra las tapas de su libro y se olvida cada cinco minutos de su gloria. Es el lector la espada que utiliza la soledad para vencerle.
Aparece entonces la derrota. Se alza la soledad por encima de las torres. Cayó el castillo. Cumple el escritor su destino: ser un ángel caído en su propio laberinto.

21 ene 2012

M.C. Escher. "Encounter"

Qué fácil es dibujar una vida a trazos imaginarios.

Noche a noche buscamos olvidarnos del presente,
dormir sumergidos en verbalizaciones vacías
calles, lunas
hechas con papeles y tinta,
piedras, lagartijas,
realidades ilusas,
noticias y mentiras.


Y es que si abriéramos los ojos

descubriríamos que son oscuras las letrinas,
éstas a las que fuimos arrojados.

Pero somos obstinados,
nos negamos a morir
sin dejar de escribir una historia primero.

Invocamos la fuerza de la carne y el nervio,
mordemos la lengua
y seguimos procreando sueños:
un puño clavado al cielo
un golpe,
una guerra,
una sed por lo inalcanzable,
un mar que solo sabe a sal
o a sangre de nuestras propias venas.

Somos acequias virtuales
precisas
mecánicas
calculadas
creíbles, contables y enteras:
recuentos parciales
de un avatar olvidado
en un universo muerto.
Imagen: Zina Nedelcheva

Llovía dentro y fuera de las casas
y llegué a carne por primera vez,
mezclando oleaje, escaleras, uñas
y corta edad de la pierna.
Era esta espalda sin nombre de país,
esta sien de melancólico izquierdo,
un logro en la prisa de la pestaña
y pequeño día a juego.
Nací en el inicio de agosto,
con algunas calles de piedra
y racimos de aire en un balcón.
Coleccionaba ya entonces postales de extravío,
filatelia de caballos, zapatos de crueles tallas,
y a escondidas, leía los números del mar.
Nací en el inicio de algún agosto aficionado al árbol,
y conseguí llorar con una contabilidad
de ramas saladas y diestras.
Era el primer día de mi cuerpo, desorganizado de las aves.
Era el último de los días en que se desperezaba la aurora...
Ahora esto es un romperse en la cavidad del silencio
dentro de un círculo cerrado,
tanto como el huracán de ausencias
que desangro,
este renacerme,
es esta liturgia de palabras...


Estoy encerrado
En un andamiaje de palabras

Que son vos
Y no sos vos

En esta libertad que me sofoca
Como una jaula
Perfectamente abierta
Donde se respira ausencia

Por todos los costados